miércoles, 5 de octubre de 2011

Albricias!

Acabo de recibir una llamada. Dicen que las llamadas a estas horas de la noche no suelen traer buenas noticias, pero esta, en cierto modo, sí. La noticia que me han dado es que a partir del lunes que viene empiezo a trabajar en el centro de Getafe, con lo que estaré mucho más cerca de Madrid.

Vuelvo a casa, y la sensación, como toda moneda, tiene su cara y su cruz. Por un lado vuelvo a Madrid, a mi casa, a mis amigos y a mi vida. Por otro lado, dejo Zamora, mi independencia y mi estilo de vida de tirado. Vuelvo a casa de mis padres, a su control y a comer lo que toca cuando toca. Dejo de cocinar para ir a mesa puesta y de lavar para tener la ropa planchada, pero también pierdo mi independencia, mi beberme las cervezas que quiera cuando quiera y de salir y entrar sin dar explicaciones. Cambio mis domingos en pijama y  mis reflexiones en soledad por el "ya que libras podías ira a... a hacerme un recado..." y por el "Sí mamá". Y cambio el 5 minutos, Requejo alante por la media hora o sabe Dios cuanto por la carretera de Toledo.

Pero también cambio el blog por las cerveza, el lejos por el cerca y el ir al chino de la esquina para comprar sal.

Cambio a mejor o a peor, no lo sé; pero cambio al fin y al cabo.

lunes, 3 de octubre de 2011

Madrid

Este fin de semana he vuelto a Madrid. La excusa era un bautizo, pero realmente me apetecía volver. Cuando vuelves a Madrid, Madrid te está esperando. Sus calles, sus monumentos, su vida, todo te espera. Y lo disfrutas como la primera vez. Pero en Madrid no solo me esperaba la ciudad sino mis amigos, mis padres, mi vida.

Cierto es que no ha sido este fin de semana, pero la historia tengo que contarla. Hace un mes más o menos volví a bajarme a la capital del reino y me pasó algo muy curioso. Había estado de copas con unos amigos por Malasaña y me volvía a casa solo y andando. El camino lo conocía porque lo he hecho millones de veces: Fuencarral abajo, seguir bajando por Montera esquivando putas, Sol, Mayor, Plaza Mayor y calle Toledo hasta la Puerta de Toledo para enfilar el Paseo de los Olmos. Un camino más que conocido y mil veces recorrido, solo o acompañado para llegar a mi cama. Pero lo curioso es que cuando estaba bajando por los últimos metros de Montera me di cuenta de dónde estaba. ¡Estaba en la Puerta del Sol! Estaba en el centro de España, en la cuna del 15M, enfrente del reloj de las campanadas de fin de año. Estaba en Madrid.

En ese momento te das cuenta de que estás donde estás, y un ridículo sentimiento de provinciano te invade. ¡Estás en la Puerta del Sol! Es cierto que has pasado mil veces por allí, que ya ni le prestas atención cuando pasas. Pero en ese momento me di cuenta. Y allí estaba yo a las tres de la mañana entre turistas borrachos, barrenderos y mendigos y sonreí. Porque en Madrid tengo  a mucha gente a la que echar de menos, pero también echaba de menos a Madrid.