Acabo de recibir una llamada. Dicen que las llamadas a estas horas de la noche no suelen traer buenas noticias, pero esta, en cierto modo, sí. La noticia que me han dado es que a partir del lunes que viene empiezo a trabajar en el centro de Getafe, con lo que estaré mucho más cerca de Madrid.
Vuelvo a casa, y la sensación, como toda moneda, tiene su cara y su cruz. Por un lado vuelvo a Madrid, a mi casa, a mis amigos y a mi vida. Por otro lado, dejo Zamora, mi independencia y mi estilo de vida de tirado. Vuelvo a casa de mis padres, a su control y a comer lo que toca cuando toca. Dejo de cocinar para ir a mesa puesta y de lavar para tener la ropa planchada, pero también pierdo mi independencia, mi beberme las cervezas que quiera cuando quiera y de salir y entrar sin dar explicaciones. Cambio mis domingos en pijama y mis reflexiones en soledad por el "ya que libras podías ira a... a hacerme un recado..." y por el "Sí mamá". Y cambio el 5 minutos, Requejo alante por la media hora o sabe Dios cuanto por la carretera de Toledo.
Pero también cambio el blog por las cerveza, el lejos por el cerca y el ir al chino de la esquina para comprar sal.
Cambio a mejor o a peor, no lo sé; pero cambio al fin y al cabo.
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