domingo, 25 de septiembre de 2011

Marketing para perros

Si no recuerdo mal, en la carrera (en una asignatura que no recuerdo pero que seguro que se llamaba “principios de algo” o “gestión de algo”) me enseñaron que el marketing nació con el crack del 27. Según parece, la oferta estaba por encima de la demanda y había que conseguir que la demanda subiera para estar al nivel. Entonces, un tío muy listo dijo “¿Y por qué no intentamos despertar necesidades en los consumidores para que compren?” Así de simple. Un tipo no sabía cómo vender y se dedicó a “engañar” a la gente para que sintieran que necesitaban sus productos para que los compraran. A día de hoy, nos parece tan ridículo y obvio que no nos creemos cómo no se había inventado antes.

Pero ya lo decía ese gran compositor pero mal cantante, “times are a-changing” y en el siglo XXI tenemos que estar mucho más hábiles. El marketing es algo de lo que no podemos separarnos. Las multinacionales pagan millonadas a Hollywood para que el cartel de su marca sea sobre el que cae el meteorito y internet está plagado de blogs, perfiles del caralibro y webs 2.0 (que digo yo, ¿con los años que llevamos de internet, no se podía pasar de número ya? Que Panda va por la versión 11…) en los que te  meten por los ojos lo que sea para que lo compres.

Pero el caso que me tiene sorprendido es uno de los más radicales que creo que he visto en tiempo. Pongamos un lineal de comida para perros.  Allí tenemos dos productos uno al lado del otro: la comida de perros “normal” y la comida de perros “premium”. El precio por kilo tiene un euro de diferencia aunque en las dos aparece un perro monísimo y casi sonriente en la bolsa. Vale, la normal es un saco rojo y la Premium es plateado, pero ¿eso justifica la diferencia de precio?

El otro día un cliente me preguntó que a qué se debía esa diferencia y yo salí airoso con un “es que la de color plata es la Premium” que le dejó relativamente convencido, pero no a mí, con lo que seguí investigando en cuanto el tipo se fue. Las dos son de vacuno (no especifican si de vaca, de toro, de buey o de ñu) pero aparentemente la Premium está fabricada “con las piezas más selectas de carne de vacuno argentino”. Me veo yo a esos dos operarios del matadero argentino diciendo [leer con acento argentino]“eeeee viste, que lomito tan selecto salió; ¿lo apartamos para el Boutique Ultra?” (Nota: El restaurante Boutique Ultra es uno de los más selectos y lujosos de todo Buenos Aires, o eso dice google) y el otro contestando “pero boludo, que decís. Ese resérvalo para comida de perros Premium”. Seguro que esa escena se da varias veces al día en los mataderos de toda la Pampa...

Y luego está un detalle menor. ¿Alguien se ha dado cuenta a estas alturas del post de que los perros no tienen una capacidad física para discernir entre texturas y sabores Premium de las normales? ¿Qué coño le importa al perro si es Premium o no? No, no es un intento de ofender a mis amigos los zoofílicos (entendido como a los que les gustan los animales, y no como ninguna parafilia) sino como un hecho científico. El paladar humano es el más complejo de la naturaleza, y nos cuesta distinguir entre el vacuno argentino del de la sierra de Gredos, con lo que un perro no lo va a hacer.

Luego hay crisis y la gente no llega a fin de mes, pero que a Toby no le falte comida Premium en su plato. Ya comeremos nosotros chopped de segunda y a punto de caducar, que por Toby hay que hacer un esfuerzo…

El marketing ha triunfado, pero no solo para los humanos, sino también para los perros.

NOTA: A día de hoy, se vende más comida de perros Premium a la semana que comida de perros normal.

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