martes, 27 de septiembre de 2011

Principios

Como decía el padre del marxismo moderno (a Groucho me refiero), lo bueno de tener principios es que puedes cambiarlos cuando quieras. Y yo, como muchos otros profesionales, tengo algún principio impuesto por mi trabajo. Vale, quizás no sea lo mismo que el código deontológico de un médico o la confidencialidad abogado-cliente, pero la caja tiene un conjunto de códigos y principios. El primero de todos es “no intentarás ligar con las clientas” y el segundo “si las clientas intentan ligar contigo, no las harás caso”. Y yo he roto esos dos mandamientos, de momento infructuosamente.

La semana pasada llegaron a la tienda cuando yo estaba en la caja don auténticos mujerones. Cogieron chocolate, ron y alguna tontería más (la elección las hizo subir un par de puntos) y pasaron por la caja donde estaba yo. Primera regla rota. Mi “buenas tardes” de rigor no sonaba igual y yo, presumiendo en vez de pasar sus productos mirando a ver si pasaban por el escáner, alardeé de mis dotes de cajera y lo hice guiándome por el “pi” que suena mientras las miraba. Y mientras las miraba surgió la conversación. Conversación banal y absurda sobre que si era la primera vez que venían a comprarnos, pero conversación al fin y al cabo.

-Pues nosotras es que somos más de comprar en el Lidl, pero como lo tienen cerrado por reformas y veníamos al Corte Inglés de aquí al lado, pues hemos pasado. Es muy parecido, no?
-Hombre, parecido pero no lo mismo –empieza la locuacidad pedante para intentar impresionar.- La verdad es que aunque vendemos incluso más barato, nuestros productos son mejores.
-Jaja. (Bueno, por lo menos las he hecho reir y tocarse el pelo, no es mala señal) ¿Seguro? ¿No me estarás engañando para vender más?
-Que va, en serio. Búscalo en internet y ya verás (triple que no sé a cuento de qué viene, pero por alardear o por seguir la conversación me lo marco). ¿Qué te apuestas? Y esto son doce con dieciséis (ya podían haber comprado algo de 53 céntimos más para que hubiera más juego)
-Una noche de copas (sonrisa y mirada de complicidad a su amiga mientras me paga)
- Hecho –segunda regla rota- Cuando quieras, míralo, vuelves y vemos quien ha ganado. Gracias…. Vuestro ticket… Adios
- Lo miraré y ya veremos. Adiós.

Apenas un minuto y ya me había cargado todo el código deontológico de la cajera y mientras me daba cuenta de ello las veía a las dos fuera riéndose en plan “tía que fuerte lo que has hecho”

Obvia decir que no la he vuelto a ver y que, dado la cantidad de horas que paso en la tienda, no habrán vuelto. Muy probablemente no vuelvan, de hecho. Pero por lo menos, ese día se me hizo todo un poco más liviano. Si vuelven, ya veremos qué ocurre y si no, seguiré acatando principios marcados y creyendo fielmente en ellos hasta que vuelva a cambiarlos. Porque así funciona esto, y lo bueno de tener principios es que siempre que quieras, puedes cambiarlos.

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