lunes, 19 de septiembre de 2011

La caja cuadra

He de confesarlo. Jamás creía que me iba a solidarizar con el gremio de las cajeras. En mi vida he conocido a unas cuantas, pero nunca había empatizado. Pero las inmersiones es lo que tienen, que a base de ponerte donde el otro, terminas pensando, sintiendo y comportante como el otro. No, no penséis que por mucho que haya estado en caja me he convertido en el tópico de cajera “choni” que masca chicle y no aprobó el bachillerato (ni el de la LOGSE). Pero he aprendido mucho.

El trabajo de cajera es mucho más jodido de lo que parece. Cierto es que es uno de los más subestimados de todos los que existen (al nivel de conductor de caca-can, despega gatos de los bajos de trenes o sexador de pollos), pero tiene su intríngulis. No es solo pasar los productos por el aparatito que lee los códigos de barras y esperar que los clientes no te pongan uno de los que no pasa y que tienes que meter por código (del que obviamente tienes dudas de si recuerdas), sino que tienen otra función mucho más importante.

En una ciudad  pequeña como Zamora y con una media de (los datos son míos con lo que no tienen por qué coincidir plenamente con los del INE) de un bar para cada tres habitantes  y medio, quizás se ve más acentuado. La gente iba al psicólogo a contarles sus penas pero para los asuntos realmente difíciles, a quien acudía era al bar; al camarero. Los camareros han ostentado el título de psicólogos y consejeros de sus parroquianos durante siglos. Pero esto es Zamora y es el año 2011. No sé si es, como ya decía, porque como la ciudad es pequeña, es más que probable que el camarero conozca a alguna prima tuya. Quizás es la crisis y la gente no pueda tomarse algo en la barra para contar sus penas. O, muy probablemente, esto no sólo ocurre aquí sino en todo el mundo, pero nunca antes me había dado cuenta.  Pero la labor psicoanalista del cajero es algo por lo que deberían de cobrar un plus.

Todos hemos alargado un café o una caña hasta el infinito. Unas veces por ligar, otras veces por hablar con el camarero y hasta alguna vez porque no tenías dinero para más y no queríamos llegar a casa pronto y eso es un punto para los camareros. Una cajera tiene una media de dos minutos y medio. Y esta cifra no es ampliable porque detrás viene otro cliente con otros problemas, con otro chiste que contar o (los peores) que no te dirige la palabra ni para darte los buenos días.  Y en ese tiempo, el cajero no sólo tiene que pasar todos los artículos correctamente, comprobar que el cliente no está robando, acertar con el cambio y sonreír constantemente; sino que tiene que dar la talla. Tiene que conseguir que el cliente se marche satisfecho no sólo de lo que ha comprado, de lo bonita que era la tienda y del maravilloso surtido que tenía; sino de lo bien que han tratado a su niño (sí, el que ha ido corriendo por el pasillo y se ha chocado contra el lineal de yogures, los ha tirado todos al suelo y ha roto media docena), del chiste que le han reído, del consejo sobre dónde invertir sus ahorros, del “es cierto cómo está todo” que le han dicho, y de la complicidad de la mirada mirando al cliente anterior en plan “vaya coñazo, menos mal que llegas tú, que pareces un tío de puta madre y no como se frikazo”. Y por supuesto, que el cambio sea el correcto, y que la caja cuadre.

La actitud del cajero es siempre atenta. Sí; hay excepciones, pero ¿cómo actuaría cualquiera después de sufrir lo que brevemente os he contado, con los pies reventados después de llevar ocho horas a pie quieto en el cubículo de un metro cuadrado donde se trabaja, si estás de bajón porque has discutido con tu pareja o tu madre y además tienes una ligera resaca o sueño porque la noche de antes tu bebé no ha parado de llorar?

Ya quisiera mucha gente tener esa actitud, esa calma, esa paciencia, ese servicialismo (que no servilismo),…

En este mundo hacen falta más cajeras. No en las cajas, sino en todas partes.

1 comentario:

  1. Me gusta. Más cajeras/os, déjame pensar...Receta: Que las cajeras tengan hijos. Solución: Dale Pablo!!!!!

    ResponderEliminar